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trata más bien de una tragedia contemporánea, - la del jóven Walter David Bulacio y su familia,
- una de las muchas que ocurren diariamente en el mundo brutalizado de nuestros días, marcado
por la violencia indiscriminada y la impunidad perpetuada.
7.
En la audiencia pública ante la Corte, la madre caracterizó los padecimientos sufridos
como algo "muy trágico"3, en consecuencia del cual toda "la familia realmente se derrumbó",
ante lo ocurrido con el hijo (y hermano) querido4. Las circunstancias del presente caso, que
como pocos revelan la fragilidad de la condición humana, conllevan a una pregunta inevitable e
inquietante: ¿cómo apreciar el papel del Derecho, y las reparaciones a las víctimas, en un cuadro
trágico e irreversible como éste? La cuestión me suscita algunas reflexiones personales, que me
permito dejar consignadas en este Voto Razonado, sin que con esto yo pretenda encontrar una
respuesta enteramente satisfactoria a la misma.
I. La Fragilidad de la Condición Humana.
8.
El sufrimiento humano es perenne, aunque cambien los hechos y las víctimas, de
generación a generación. Tanto es así que, contra los designios del destino, ya en el siglo V antes
de Cristo, Sófocles advertía, con clarividencia, en su Édipo Rey5, que jamás hay que decir que
alguien es feliz hasta que haya traspasado el límite extremo de la vida libre del dolor. En el
mismo sentido, en su Ajax, Sófocles volvía a advertir que sólo se conoce lo que ya se ha visto o
vivido, pero nadie puede prever lo que está por venir ni el fin que le espera 6. Como en las
tragedias griegas que encontraron expresión en un determinado momento histórico, en la Atenas
del siglo V a.C., las tragedias de nuestros días demuestran que el dolor avasallador, rodeado de
misterio, puede invadir el cotidiano de uno en cualquier momento de la vida, y proyectarse en
las personas queridas de la convivencia personal, minando sus defensas frente a una pérdida
verdaderamente irreparable.

9.

Como el presente caso Bulacio lo revela, en el seno de una familia donde se valoran los
sentimientos, la muerte prematura y violenta de un ser querido conlleva a un profundo
padecimiento por todos compartido. En esta circunstancia, un ser que falta es como si todo
faltara, y todo realmente falta; de repente, todo es un desierto7. Y ha sido siempre así. La
tragedia ha marcado presencia a lo largo de los siglos. ¿Y por qué? La tragedia, - se ha dicho
hace muchos siglos, - es imitación de la acción y de la vida8. En realidad, para tantos seres
humanos, que han experimentado la más completa adversidad (la desgracia), la vida comporta
3

. CtIADH, Transcripción de la Audiencia Pública..., op. cit. supra n. (1), p. 7.

4

. CtIADH, Transcripción de la Audiencia Pública..., op. cit. supra n. (1), p. 11.

5

. En la penetrante frase final - versos 1529-1530.

6

. Versos 1417-1420.

7

. Ph. Ariès, Morir en Occidente - desde la Edad Media hasta Nuestros Días, Buenos Aires, A. Hidalgo Ed., 2000, p. 77.

. Aristóteles, Poética (circa 335-322 a.C.), I-2; VI-27, 30, 32; VII-41; IX-56. El célebre análisis aristotélico de la
tragedia griega (como imitación de la acción y de la vida) fue retomada siglos después, sobre todo por los pensadores de
los siglos XVII y XVIII.
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